9 sept 2012

He caído en cuenta, que he perdido tiempo, sí, voy a tener que reestructurar el planning, claro, pero al menos tengo la sensación de que a partir de ahora tengo las herramientas adecuadas y sólo necesito trabajar con ellas, lo demás tendría que venir rodado.
Y es así, ante cada obstáculo, bajón o desquiciamiento opositoril, lo mejor es analizar cuanto antes la situación, ver qué nos puede devolver la tranquilidad necesaria para seguir avanzando y, si es necesario, invertir nuestro tiempo en adecuar de  nuevo nuestras herramientas y ambiente de desenvolvimiento. Al principio nos parecerá una pérdida de tiempo, pero mejor perder dos semanas seguidas y luego avanzar sin detenerse.

Nada de lloros, de ¡no puede ser! o de ¡quién me mandaría meterme en esto!, lo hecho, hecho está, sólo queda analizar la situación y tratar de inclinar de nuevo la balanza a nuestro favor para recuperar cuanto antes la serenidad que conduce al logro de resultados positivos y al dominio del estado emocional, lo demás escapa de nuestra voluntad, así que no merece la pena desquiciarse por ello.
De momento, en poco más de 15 horas se habrá decidido algo importante para mí, así que me voy despidiendo. Hasta dentro de poco!.

Buen día!
Ante todo, sí, lo siento, con mi propósito de actualizar semanalmente y he tenido esto bastante abandonado, pero es que he pasado una racha mala opositorialmente hablando y luego cuando parecía que todo iba a mejor, he tenido asuntos domésticos que, quieras o no, te quitan tiempo para lo que es importante. 
Lo bueno es que, siguiendo los consejos de quien siempre estuvo aquí "adapt, improvise, and overcome" he conseguido aprovechar el parón para avanzar. ¿Un poco contradictorio, no? Pues resulta, que me entraron todos los males al ver que no conseguía un trámite personal y sumado ello al sueño recientemente roto, sin olvidar que pasé por alto inconscientemente la reunión de auxiliaturas (hasta ahora que acabo de recordarlo) en fin… 
En principio me dio un soponcio, viendo que mi súper-planning se iba por un tubo, que no sólo no conseguía agarrar de la oreja a Ríos, sino que no podía ni con lo último en lo que había decidió involucrarme, y ya se sabe que la mente es traicionera y de repente te bloqueas y haces la mitad de lo que realmente querías hacer. 
Así que decidí plantarme, dejarme de post-its y de códigos con doble redacción y me fui instintivamente a escuchar un poco de música sinfónica, que para esta altura del tiempo, mucha falta me hacía. Después pasé por la librera y compré un par de libros nuevos, hacía tiempo que el derecho administrativo había ocupado sitial exclusivo en el escritorio, pero ahora volveré a lo mío, escarbar en la profundidad de la escritura, de la buena literatura.
Ahora, intento rehacerme a mano, como en los viejos tiempos, con todos los temas modificados (ya que teniendo al político cerca la inspiración se me iba) y ha sido un modo de salir poco a poco del bache sin volverme loca comprobando mil post-its, códigos y apuntes, prepararme para la recta final, cerciorándome que no dejo nada pendiente y que ahora estoy tranquila, tranquila para seguir adelante.
HOTEL WATERGATE…
Buenos días a todos!!
Sí ya era hora de no solo desear tener un buen día, sino también de experimentarlo en carne propia. Y es que los cuarenta y siete días de bloqueos, marchas, contramarchas, y protestas (sin contar las papas rellenas de clavos…) que acabamos de presenciar (lo que no significa que hayan concluido del todo o que no sucedan nuevamente en un futuro cercano), me han tenido un tanto entretenida con mi redacción propia, pero bueno… ya que estamos aquí, toca pues decir que revisando como de costumbre algunos datos que a veces casuales aparecen en este enredo de textos, libretas, códigos, y demás productos de árbol, asomó el relato del conocido caso Watergate, un escándalo político en los Estados Unidos ocurrido en 1972 durante el mandato de Richard Nixon, y que culminó con la imputación de algunos consejeros muy cercanos al presidente, y con su propia dimisión el 8 de agosto de 1974.
Resulta interesante analizar que las grabaciones de las conversaciones que tuvieron lugar en la oficina del presidente desde principios de 1971, se convirtieron en una de las claves principales del escándalo. Las cintas mas tarde escuchadas por la comisión y el juez Sirica resultaron comprometedoras pues mostraron que Richard Nixon estaba, al menos, enterado de los espionajes telefónicos contra el Partido Demócrata e insistía en pagar sobornos a los acusados de irrumpir en el Hotel Watergate para así evitar chantajes hacia sus consejeros o asesores.
Sin embargo, cuando el caso parecía entrar en el olvido, Bob Woodward y Carl Bernstein, dos periodistas del diario The Washington Post, uno de los más influyentes de ese país, revelaron detalles del asunto y acusaron al presidente de tratar de congelar las investigaciones. 
Los periodistas fueron orientados en su investigación por un misterioso personaje al que bautizaron como «garganta profunda». Después de múltiples peripecias judiciales la implicación de la administración de Nixon se fue haciendo cada vez más evidente. El 30 de abril de 1973, Nixon aceptó parcialmente la responsabilidad del gobierno y destituyó a varios funcionarios implicados.
La existencia de cintas magnetofónicas incriminatorias del presidente y su negativa a ponerlas a disposición de la justicia llevaron a un duro enfrentamiento entre el ejecutivo y el judicial. La opinión pública forzó finalmente a la entrega de esas cintas, pero una fue alterada y dos desaparecieron.
Crecientes evidencias sobre la culpabilidad de Nixon y de altos funcionarios llevaron a que se iniciaran los procedimientos del «impeachement», juicio al presidente. Las investigaciones llevadas a cabo por el FBI y después por el Comité de Watergate en el Senado, el House Judiciary Committee y la prensa revelaron que este robo fue sólo una de las múltiples actividades ilegales autorizadas y ejecutadas por el equipo de Nixon. También revelaron el enorme alcance de los delitos y abusos cometidos para apoyar la reelección de Richard Nixon, que incluían fraude en la campaña, espionaje político y sabotaje, intrusiones ilegales en oficinas, auditorías de impuestos falsas, escuchas ilegales a gran escala, y además la formación de un fondo secreto en bancos de México para pagar a quienes realizaban estas operaciones ilícitas. Este fondo también se usó para comprar el silencio de los cinco hombres que fueron imputados por el robo del 17 de junio de 1972 en el Edificio Watergate.
En agosto de 1974 Nixon tuvo que entregar transcripciones de tres cintas magnetofónicas que claramente le implicaban en el encubrimiento del escándalo. Ante la evidencia de espionaje, se formó una comisión investigadora y casi todos los colaboradores de Nixon renunciaron a sus cargos, envueltos en una red de sospechas. A partir de entonces, y durante dos años, fueron surgiendo cada vez más elementos que comprometían la actuación de Nixon. Aunque al principio se defendió negando tener conocimiento del hecho, finalmente admitió las acusaciones. La evidencia hizo que Nixon perdiera sus últimos apoyos en el Congreso. El 24 de julio de 1974 la Corte Suprema acusó al presidente de obstruir las investigaciones judiciales, de abuso de poder y de ultraje al Congreso, y de haber utilizado a la CIA y el FBI con fines políticos. Nixon renunció el 8 de agosto a su cargo de presidente al verificar que había perdido la base política necesaria para gobernar.
Gran historia! Me dije luego de leerla y casi automáticamente, vino a mi mente una reciente noticia local: la acusación del ministro de gobierno contra una diputada de oposición, en sentido de que a ése ministerio habría llegado de manera anónima una grabación en la que la legisladora supuestamente ofrecía dinero con fines políticos a dirigentes de la IX marcha en defensa del TIPNIS. A partir de ello, el argumento oficialista amplió sus horizontes hasta incluso hoy pedir la dimisión de la diputada y por consiguiente la entrega de su sillón camaral. Ahora bien, al ser consultado sobre el origen y procedencia de tal grabación, el ministro se limitó a enfatizar que no era el gobierno el que había ingresado escuchas telefónicas, ni ningún otro tipo de grabación secreta con objeto de violar la privacidad de la legisladora, sino que “alguien” bien intencionado y de muy buena voluntad había querido solamente colaborar, para frenar este tipo de conductas.
Retorné al escándalo Nixon y creí encontrar similitudes, no solo respecto a la denuncia de espionaje político, sino también en cuanto a la negativa del gobierno para reconocerse autor de este tipo de actividad ilegal, además de abuso de poder, utilización de la fiscalía y la policía con fines políticos para obstaculizar las investigaciones, sobornos, etc. Mas sin embargo, al final demostrarse su responsabilidad por éste y muchos otros delitos cometidos bajo el paraguas que amparaba su gestión y con ello lograr su abdicación.
Nuestra realidad actual no está del todo lejos de éste tipo de aquelarres políticos. Con frecuencia lamentamos la comisión de delitos por parte de quienes nos gobiernan, nombrarlos ahora sería tema de otro análisis, pero no cabe duda de la necesidad urgente que tenemos los bolivianos de nuevos referentes éticos en las prácticas del servicio público; de lo imperioso que es ahora para el gobierno en su cuenta de resultados generar y materializar un accionar comprometido con la sociedad. Bien escribió en su momento Gonzalo Lema: “los políticos saben que la actitud es siempre la última palabra del discurso” y con ello concuerdo.

9 may 2012

LA MARCHA DE LA BRONCA…
Anoche me hice medio litro de bilis gratis. Siguiendo como de costumbre un programa nocturno por Cadena A, terminé con el hígado casi en la mano, de tanto coraje que me produjo oír al dirigente de la CUTUP Gonzalo Millares.
Resulta que los paceños hemos amanecido el lunes pasado con las calles expeditas y silenciosas, por causa del paro de 48 horas llevado a delante por el transporte público. Ninguna novedad últimamente, ya que los últimos meses hemos estado envueltos - queriendo o no -, en todo tipo de protestas y reclamos (llámese paros, huelgas, emparedamientos, crucifixiones, costura de labios, alfombras humanas, marchas, contramarchas, y un sinfín de etcéteras) de sectores de salud, educación, campesinos, indígenas, y ahora transportistas.
Y bueno, por qué escribo ahora esto? Generalmente mis broncas en temas políticos, se revuelcan entre cuatro paredes, es decir, no tengo mucha costumbre de publicar mis opiniones en este rubro…por cuestiones obvias (creo). Pero bueno, ya que esta es una ocasión particular, diré que me inspiré en la mente tapada del mencionado dirigente transportista, quien anoche - y después de una clarísima pero clarísima explicación del Alcalde paceño -, no QUIZO comprender, los objetivos, parámetros y finalidades de la Ley Municipal de Transporte y Tránsito Urbano (promulgada el 18 de abril de 2012). Más al contrario, se empecinó en repetir que: “no estamos de acuerdo con la doble sanción…”, cuando la autoridad edil claramente explicó este tema (que al parecer es el único reclamo coherente del sector de transporte), señalando que en la mencionada ley se hace una distinción en cuanto a las infracciones vinculadas al SERVICIO de transporte urbano, cuya determinación estará a cargo del GAMLP, y las infracciones determinadas por TRÁNSITO (véase los Capítulos II y II), no existiendo sobreposición ni duplicidad de sanciones por una misma infracción.
Así de simple: el GAMLP actuará en cuanto al SERVICIO que prestan los choferes, esto es: tarifas, calidad y rutas. Repito, así de simple. No entiendo por qué se complican tanto los dirigentes y sus choferes afiliados que no tienen la menor idea del por qué ayer salieron a bloquear (según sondeos muchos choferes dijeron que se oponían a una ley, pero que no sabían bien qué ley era esa porque no la habían leído; otros manifestaron que se oponían a un nuevo impuesto municipal; los demás fueron como reses al matadero).
Otra cosa que me molestó y no solo del referido Millares sino también del propio presentador del programa, fue que ninguno de los dos comprendió lo que el Alcalde explicó en cuanto a que la ley municipal fue trabajada sobre la base de lo dispuesto por la Ley General del Transporte (promulgada por el ejecutivo nacional con presencia y apoyo de la dirigencia de los transportistas entonces liderada por Franklin Durán), la cual confiere específicas facultadas a los gobierno municipales en cuanto al tema que nos ocupa, al mismo tiempo que reestructura por así decir, lo dispuesto en el antiguo Código de Tránsito, con lo cual ésta última norma en su mayoría queda abrogada en todo cuanto sea contraria a la ley nacional.
Pero no. Los choferes insisten con el código de tránsito! Que terquedad!
Bueno, nuevamente estoy haciendo bilis, mejor hacer un alto. Para concluir solo diré dos cosas: la primera: compañeros dirigentes contraten urgentemente un abogado (uno que sepa) que les explique y asesore en cuanto al asunto, porque ya vi que ni una explicación acorde para niños de cinco años, son capaces de comprender. La segunda: compañeros choferes, todos ustedes por favor LEAN la ley y entérense de su contenido y alcance. Si no la comprenden, súmense a sus dirigentes y capacítense.
Para el punto final, nuevamente os dejo con unas notas acordes al clima actual…y por supuesto con la versión digital del la Ley Municipal Autonómica No. 015 (en http://fabianyaksic.blogspot.com/2012/05/ley-municipal-de-transporte-y-transito.html)

PD: Ahora mismo estoy escuchando al ministro de gobierno, ofrecer al alcalde y los choferes las instalaciones de su ministerio para propiciar una reunión de consenso, porque dizque él tiene la mejor buena voluntad para generar un espacio de dialogo y concertación……basura!! Por qué primero no ofreció el resguardo policial requerido? Mejor que se tome su propia sugerencia y se siente a conversar con los médicos, trabajadores, universitarios, fabriles, maestros, victimas de la dictadura y muchos otros, con quienes sí tiene una verdadera necesidad de diálogo.

2 may 2012

Saludos cordiales, estoy de regreso y ahora mismo tengo puesta una canción,  (sí, esa canción) y aunque no voy a alcanzar a postear antes de que termine, quizás la vuelva a poner unas dos veces más.
Hoy me acordé de pronunciarme sobre esto… y sobre otras cosas porque hace rato que no publico. Y se va la lluvia esta tarde mientras me pongo al día, y en realidad ya se fue, aunque el frío en esta ciudad siempre se queda. No lo digo como simbolismo de nada, no se confunda. No. Lo digo porque es lo que pasó, y por la cortina se puede ver y esto poco me gusta. La canción dice Leva me aos Fados, y hace un rato me estaba acordando del mes pasado, y la canción me da un poco de nostalgia, no por algo en especial, sino porque la pongo como landmark de posibilidades, o, por así decirlo, porque en la cosa de tener posibilidades a venir, también hay posibilidades de redefinir los recuerdos como x o y o z o… whatever. Sí, obvio, sí sé que no es nada importante, ni nuevo ni nada. Si no es un asunto de ánimo (siempre pienso que lo que sea que escriba va a sonar como algo que tiene que ver con mi ánimo o lo que estoy viviendo en ese momento, pero no), sino de ponerme al día con esas cosas y lo que sea.
Entonces diré que me complace estar rodeada últimamente de personas a las que considero interesantes, hemos descubierto juntas algunas realidades, que dadas las circunstancias actuales, me resultan más fructíferas a mí, ahora que me hallo en este escamoteo sin descanso de cuanta información específica pueda lograr, y que me ha obligado a buscar el estuche blanco de los lentes de descanso, para luego poner dedos en el teclado.
El tiempo se me pasa volando, el estudio de ahora quiere resultar a ratos algo mecánico y lo que recuerdo cuando acaba la semana son los momentos de ocio y es ideal... lo único que me fastidia un poco es el frío de la sala, pero pienso ponerle remedio en breve, así que no voy a quejarme por ese lado (además culpa mía que se me olvido llamar al man éste que pega las alfombras al piso y con ello tener listo de una vez por todas mi cuarto de estudio).
Con todo, puedo decir que entre papeleo y papeleo, el lunes pasado André y yo fuimos a comer un menú del día en un restaurante cercano, nos estuvimos riendo un poco de los nombres raros de algunos platillos, tomamos después unos mates demás porque el agotamiento de ambos no nos permitió siquiera tener los ojos medio abiertos. Así que decidimos regresar a casa, él con la maleta y el traje a cuestas, yo con mis tacones y mi look “Oh! my Dior”.
Pero después de las cinco, ya teníamos nuevamente la cabeza repleta de nuevas cosas para el escrito, sí para el de las cinco páginas. Transigí en cuanto a la organización de los títulos, pero al parecer resultó en vano, esa costumbre rara de… en fin, simplemente asumo que esas horas no me las quita nadie y bueno… ahora mismo estoy contenta porque me he quitado un peso de encima: el agobio que me estaba produciendo esta primera vuelta a los temas del primer módulo de técnicas de estudio cuando ahora ya hace prácticamente un par de años que no las veo, pero ya diría yo que sí o sí es de aplicarlas ahora que me lancé primero con el tema de la tesis y después con la auxiliatura y finalmente con el concurso de ensayo, vaya complicación!.
Bueno, en esta situación de echarle un vistazo a los gráficos petrificados de este libro prestado de biblioteca, volveré mas pronto que tarde a estar en situación de escribir en este blog (para ustedes y para mí), para no echarnos tanto de menos verdad?
Saludos cordiales nuevamente, y hasta pronto!.
(Para el final: Os dejo con la canción arriba citada)

29 mar 2012

“…y es que seis meses antes conocí a una mujer en Japón. Se había caído por las escaleras y se había estampado contra la pared…ese mismo día le pedí que se casara conmigo”.

Dice que le cambió la vida y le ayudó a relajarse, porque cuando te relajas, te muestras más abierto. Habitualmente está tenso, sin embargo cuando vio la respuesta entusiasta de la audiencia en Río, pensó “No tengo nada que perder” y dejó que la música brotara por sí misma...”Pienso que es lo mejor que he hecho nunca, sinceramente”.
Del mismo modo, describe que el tocar el piano solo le resulta una exigencia física por demás absorbente, porque “…es como si yo fuera tres personas diferentes: una está escuchando, la otra está tocando y la tercera está creando…Se puede hablar de una experiencia espiritual y emocional, pero el asunto en su conjunto es más misterioso de lo que nadie piensa”.
Y así resulta que Keith Jarret (Pensilvania 1945), el último entre los grandes divos del Jazz, acaba de publicar su nuevo disco del que con convicción afirma: “No me da miedo reconocer que algo mío es bueno, no soy un cobarde. Si lo fuera, diría que es una tontería, que soy un pianista como cualquier otro, etcétera, pero no lo creo. Tengo  que ser honesto conmigo mismo. Creo que he creado algo en un formato que nadie ha utilizado antes, y eso me otorga cierto crédito”.
(De una entrevista realizada por Chema García)

7 mar 2012

EMMA ZUNZ

(JORGE LUIS BORGES)

El catorce de enero de 1922, Emma Zunz, al volver de la fábrica de tejidos Tarbuch y Loewenthal, halló en el fondo del zaguán una carta, fechada en el Brasil, por la que supo que su padre había muerto. La engañaron, a primera vista, el sello y el sobre; luego, la inquietó la letra desconocida. Nueve diez líneas borroneadas querían colmar la hoja; Emma leyó que el señor Maier había ingerido por error una fuerte dosis de veronal y había fallecido el tres del corriente en el hospital de Bagé. Un compañero de pensión de su padre firmaba la noticia, un tal Feino Fain, de Río Grande, que no podía saber que se dirigía a la hija del muerto.
Emma dejó caer el papel. Su primera impresión fue de malestar en el vientre y en las rodillas; luego de ciega culpa, de irrealidad, de frío, de temor; luego, quiso ya estar en el día siguiente. Acto contínuo comprendió que esa voluntad era inútil porque la muerte de su padre era lo único que había sucedido en el mundo, y seguiría sucediendo sin fin. Recogió el papel y se fue a su cuarto. Furtivamente lo guardó en un cajón, como si de algún modo ya conociera los hechos ulteriores. Ya había empezado a vislumbrarlos, tal vez; ya era la que sería.
En la creciente oscuridad, Emma lloró hasta el fin de aquel día del suicidio de Manuel Maier, que en los antiguos días felices fue Emanuel Zunz. Recordó veraneos en una chacra, cerca de Gualeguay, recordó (trató de recordar) a su madre, recordó la casita de Lanús que les remataron, recordó los amarillos losanges de una ventana, recordó el auto de prisión, el oprobio, recordó los anónimos con el suelto sobre «el desfalco del cajero», recordó (pero eso jamás lo olvidaba) que su padre, la última noche, le había jurado que el ladrón era Loewenthal. Loewenthal, Aarón Loewenthal, antes gerente de la fábrica y ahora uno de los dueños. Emma, desde 1916, guardaba el secreto. A nadie se lo había revelado, ni siquiera a su mejor amiga, Elsa Urstein. Quizá rehuía la profana incredulidad; quizá creía que el secreto era un vínculo entre ella y el ausente. Loewenthal no sabía que ella sabía; Emma Zunz derivaba de ese hecho ínfimo un sentimiento de poder.
No durmió aquella noche, y cuando la primera luz definió el rectángulo de la ventana, ya estaba perfecto su plan. Procuró que ese día, que le pareció interminable, fuera como los otros. Había en la fábrica rumores de huelga; Emma se declaró, como siempre, contra toda violencia. A las seis, concluido el trabajo, fue con Elsa a un club de mujeres, que tiene gimnasio y pileta. Se inscribieron; tuvo que repetir y deletrear su nombre y su apellido, tuvo que festejar las bromas vulgares que comentan la revisación. Con Elsa y con la menor de las Kronfuss discutió a qué cinematógrafo irían el domingo a la tarde. Luego, se habló de novios y nadie esperó que Emma hablara. En abril cumpliría diecinueve años, pero los hombres le inspiraban, aún, un temor casi patológico... De vuelta, preparó una sopa de tapioca y unas legumbres, comió temprano, se acostó y se obligó a dormir. Así, laborioso y trivial, pasó el viernes quince, la víspera.
El sábado, la impaciencia la despertó. La impaciencia, no la inquietud, y el singular alivio de estar en aquel día, por fin. Ya no tenía que tramar y que imaginar; dentro de algunas horas alcanzaría la simplicidad de los hechos. Leyó en La Prensa que el Nordstjärnan, de Malmö, zarparía esa noche del dique 3; llamó por teléfono a Loewenthal, insinuó que deseaba comunicar, sin que lo supieran las otras, algo sobre la huelga y prometió pasar por el escritorio, al oscurecer. Le temblaba la voz; el temblor convenía a una delatora. Ningún otro hecho memorable ocurrió esa mañana. Emma trabajó hasta las doce y fijó con Elsa y con Perla Kronfuss los pormenores del paseo del domingo. Se acostó después de almorzar y recapituló, cerrados los ojos, el plan que había tramado. Pensó que la etapa final sería menos horrible que la primera y que le depararía, sin duda, el sabor de la victoria y de la justicia. De pronto, alarmada, se levantó y corrió al cajón de la cómoda. Lo abrió; debajo del retrato de Milton Sills, donde la había dejado la antenoche, estaba la carta de Fain. Nadie podía haberla visto; la empezó a leer y la rompió.
Referir con alguna realidad los hechos de esa tarde sería difícil y quizá improcedente. Un atributo de lo infernal es la irrealidad, un atributo que parece mitigar sus terrores y que los agrava tal vez. ¿Cómo hacer verosímil una acción en la que casi no creyó quien la ejecutaba, cómo recuperar ese breve caos que hoy la memoria de Emma Zunz repudia y confunde? Emma vivía por Almagro, en la calle Liniers; nos consta que esa tarde fue al puerto. Acaso en el infame Paseo de Julio se vio multiplicada en espejos, publicada por luces y desnudada por los ojos hambrientos, pero más razonable es conjeturar que al principio erró, inadvertida, por la indiferente recova... Entró en dos o tres bares, vio la rutina o los manejos de otras mujeres. Dio al fin con hombres del Nordstjärnan. De uno, muy joven, temió que le inspirara alguna ternura y optó por otro, quizá más bajo que ella y grosero, para que la pureza del horror no fuera mitigada. El hombre la condujo a una puerta y después a un turbio zaguán y después a una escalera tortuosa y después a un vestíbulo (en el que había una vidriera con losanges idénticos a los de la casa en Lanús) y después a un pasillo y después a una puerta que se cerró. Los hechos graves están fuera del tiempo, ya porque en ellos el pasado inmediato queda como tronchado del porvenir, ya porque no parecen consecutivas las partes que los forman.
¿En aquel tiempo fuera del tiempo, en aquel desorden perplejo de sensaciones inconexas y atroces, pensó Emma Zunz una sola vez en el muerto que motivaba el sacrificio? Yo tengo para mí que pensó una vez y que en ese momento peligró su desesperado propósito. Pensó (no pudo no pensar) que su padre le había hecho a su madre la cosa horrible que a ella ahora le hacían. Lo pensó con débil asombro y se refugió, en seguida, en el vértigo. El hombre, sueco o finlandés, no hablaba español; fue una herramienta para Emma como ésta lo fue para él, pero ella sirvió para el goce y él para la justicia. Cuando se quedó sola, Emma no abrió en seguida los ojos. En la mesa de luz estaba el dinero que había dejado el hombre: Emma se incorporó y lo rompió como antes había roto la carta. Romper dinero es una impiedad, como tirar el pan; Emma se arrepintió, apenas lo hizo. Un acto de soberbia y en aquel día... El temor se perdió en la tristeza de su cuerpo, en el asco. El asco y la tristeza la encadenaban, pero Emma lentamente se levantó y procedió a vestirse. En el cuarto no quedaban colores vivos; el último crepúsculo se agravaba. Emma pudo salir sin que lo advirtieran; en la esquina subió a un Lacroze, que iba al oeste. Eligió, conforme a su plan, el asiento más delantero, para que no le vieran la cara. Quizá le confortó verificar, en el insípido trajín de las calles, que lo acaecido no había contaminado las cosas. Viajó por barrios decrecientes y opacos, viéndolos y olvidándolos en el acto, y se apeó en una de las bocacalles de Warnes. Pardójicamente su fatiga venía a ser una fuerza, pues la obligaba a concentrarse en los pormenores de la aventura y le ocultaba el fondo y el fin.
Aarón Loewenthal era, para todos, un hombre serio; para sus pocos íntimos, un avaro. Vivía en los altos de la fábrica, solo. Establecido en el desmantelado arrabal, temía a los ladrones; en el patio de la fábrica había un gran perro y en el cajón de su escritorio, nadie lo ignoraba, un revólver. Había llorado con decoro, el año anterior, la inesperada muerte de su mujer - ¡una Gauss, que le trajo una buena dote! -, pero el dinero era su verdadera pasión. Con íntimo bochorno se sabía menos apto para ganarlo que para conservarlo. Era muy religioso; creía tener con el Señor un pacto secreto, que lo eximía de obrar bien, a trueque de oraciones y devociones. Calvo, corpulento, enlutado, de quevedos ahumados y barba rubia, esperaba de pie, junto a la ventana, el informe confidencial de la obrera Zunz.
La vio empujar la verja (que él había entornado a propósito) y cruzar el patio sombrío. La vio hacer un pequeño rodeo cuando el perro atado ladró. Los labios de Emma se atareaban como los de quien reza en voz baja; cansados, repetían la sentencia que el señor Loewenthal oiría antes de morir.
Las cosas no ocurrieron como había previsto Emma Zunz. Desde la madrugada anterior, ella se había soñado muchas veces, dirigiendo el firme revólver, forzando al miserable a confesar la miserable culpa y exponiendo la intrépida estratagema que permitiría a la Justicia de Dios triunfar de la justicia humana. (No por temor, sino por ser un instrumento de la Justicia, ella no quería ser castigada.) Luego, un solo balazo en mitad del pecho rubricaría la suerte de Loewenthal. Pero las cosas no ocurrieron así.
Ante Aarón Loeiventhal, más que la urgencia de vengar a su padre, Emma sintió la de castigar el ultraje padecido por ello. No podía no matarlo, después de esa minuciosa deshonra. Tampoco tenía tiempo que perder en teatralerías. Sentada, tímida, pidió excusas a Loewenthal, invocó (a fuer de delatora) las obligaciones de la lealtad, pronunció algunos nombres, dio a entender otros y se cortó como si la venciera el temor. Logró que Loewenthal saliera a buscar una copa de agua. Cuando éste, incrédulo de tales aspavientos, pero indulgente, volvió del comedor, Emma ya había sacado del cajón el pesado revólver. Apretó el gatillo dos veces. El considerable cuerpo se desplomó como si los estampi-dos y el humo lo hubieran roto, el vaso de agua se rompió, la cara la miró con asombro y cólera, la boca de la cara la injurió en español y en ídisch. Las malas palabras no cejaban; Emma tuvo que hacer fuego otra vez. En el patio, el perro encadenado rompió a ladrar, y una efusión de brusca sangre manó de los labios obscenos y manchó la barba y la ropa. Emma inició la acusación que había preparado («He vengado a mi padre y no me podrán castigar...»), pero no la acabó, porque el señor Loewenthal ya había muerto. No supo nunca si alcanzó a comprender.
Los ladridos tirantes le recordaron que no podía, aún, descansar. Desordenó el diván, desabrochó el saco del cadáver, le quitó los quevedos salpicados y los dejó sobre el fichero. Luego tomó el teléfono y repitió lo que tantas veces repetiría, con esas y con otras palabras: Ha ocurrido una cosa que es increíble... El señor Loewenthal me hizo venir con el pretexto de la huelga... Abusó de mí, lo maté...
La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta. Verdadero era el tono de Emma Zunz, verdadero el pudor, verdadero el odio. Verdadero también era el ultraje que había padecido; sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios.

16 ene 2012

VARGAS LLOSA MÁS ALLA DEL NOBEL

(Por Carlos D. Mesa, Publicado en El País de Madrid el 20 de octubre de 2010)

Conversación en la Catedral fue para mí un deslumbramiento. Me conectó de modo definitivo con la literatura latinoamericana y me acercó carnalmente a la realidad, una realidad que aparecía en la novela a partir de una Lima agria como “La Catedral”, el bar en el que Zavalita desgranaba el Perú y desgranaba algo más; nuestra América. Era el fin de los años sesenta. A su lado y por contraste, me ronda la figura de otro personaje de esa historia, Bermúdez, el siniestro ministro del Interior, razonablemente pulcro, obsesivamente ordenado, cínico e implacable “como correspondía”. Por si fuera poco, todavía late en mi mente la escena entre fascinante y obscena del amor prohibido entre dos mujeres que, como en el personaje de Lalita en La Casa Verde, tenía mucho de erotismo, de pasión y aunque suene absurdo, de pureza.
Vargas Llosa me apasionó porque me obligó a sumergirme en sus palabras, recorrer los mismos ríos intrincados del “chino” que navegaba los ríos de la selva hasta volverse selva. Pasaba entonces las páginas tratando de adivinar al final de cada capítulo sólo para saber cómo resolvería el novelista el siguiente, cómo armaría las piezas intrincadas de la (s) historia (s), cómo envolvería y desenvolvería la trama y los personajes. Era una racionalidad mágica. Pensé entonces, sin haber leído todavía a Joyce ni a Faulkner, que la palabra construida, rodeada, explosiva, intencionalmente trabajada con la paciencia y la destreza del orfebre, lo era todo porque se había convertido en la suma maravillosa de contenedor y contenido en perfecta y desafiante armonía. Admiré la prosa poética, el relato cortante, los personajes cuyo realismo hería. Quedé completamente embelesado con las dos novelas, por encima de La Ciudad y los Perros, aunque “el poeta”, ese curioso personaje anticlimático del colegio militar Leoncio Prado, aún  ejercía una suerte de hipnotismo sobre un adolescente como yo que aspiraba a escribir no sólo las cartas de los reclutas, sino la novela del novelista. Buscaba descubrir en el joven cadete el mundo secreto del amor juvenil mirado desde una mezcla de sexualidad animal e ingenuo romanticismo.
No sé si Zavalita y Lalita son los mejores personajes de Vargas Llosa, ni sé tampoco si él mismo a lo largo de su extensa obra, mira hoy de otro modo ese tour de force tan del boom latinoamericano y tan permeado por las ideas de cuando escribió ambas obras, una Cuba de la que no se podía ser sino rendido admirador, hasta que –caso Padilla mediante- se destapó la disyuntiva imposible entre revolución y democracia que Fidel Castro resolvió de modo implacable.
Vargas Llosa, lo dice casi todo el mundo, es un gran narrador pero un derechista radical. Empecemos por el principio, Vargas Llosa es uno de los grandes novelistas de nuestro tiempo y es un liberal convencido y militante que ha decidido hacer de la pluma una trinchera del pensamiento político en el que cree. Podría decirse con ligereza que una cosa no tiene que ver con la otra, pero sería absurdo pretender que el narrador nada tiene que ver con el columnista apasionado. Ambos son uno y el mismo.
Cuando conversé por primera vez con él en 1986 y le hice una entrevista para un programa de televisión en Bolivia, sencillamente pensé que había tenido uno de los mayores privilegios de mi vida. Su lucidez literaria me abrumaba. ¿Cómo no recordar en ese diálogo La Orgía Perpetua y su magistral retrato de Flaubert? Años después me destoqué ante La Utopía Arcaica, el más lúcido tránsito por el pensamiento indigenista peruano a partir de la figura gigantesca (pero no intocable) de José María Arguedas.
Hoy, prefiero recordar esa primera entrevista y mi admiración ilimitada de esos años. Mis encuentros posteriores con el escritor –como suele suceder- desdibujaron la magia del ídolo admirado para enfrentar al hombre de carne y hueso, su evidente cansancio por las entrevistas infinitas, o la imposibilidad de usar sus mismos atributos como creador literario a la hora de intentar entender las tribulaciones de una circunstancia, o la distancia casi gélida para marcar sin matices la diferencia entre su visión de lo bueno y de lo malo.
Pero, es obvio, poco importa mi percepción personal sobre la figura del novelista que acaba de ganar el premio Nóbel. Vargas Llosa –no se dude- es más que el Nóbel, pero el Nóbel le calza con justeza. Borges fue mucho más que el Nóbel y prueba que el premio no modifica nada. Con los años –creo-  a diferencia de tantos y tantos escritores laureados por los suecos, el novelista peruano pervivirá porque es una de las grandes figuras de nuestras letras, tanto como es una figura influyente en el debate sobre el pensamiento moderno en política y en filosofía política y como tal será también recordado. Por eso conservo sus tres tomos de Contra Viento y Marea, lo mejor de su obra ensayística política, aunque muchas veces me siento muy lejos de sus ideas, pero nunca indiferente a sus provocaciones.
Lo que no haré jamás será alejarme de sus novelas que leí con fruición. Vargas Llosa no es como Rulfo hombre de un par de obras, pero cuando se tenga que escoger, me da la impresión de que él mismo preferiría una o dos de sus grandes novelas antes que una difusa obra completa, tan desigual cuanto prolífica. Quizás, sin embargo, antes de afirmarlo tan categóricamente, valdrá recordar  La Guerra del fin del Mundo, Lituma en los Andes y El Hablador, o dos deliciosas novelas difícilmente catalogables como Pantaleón… y La Tía Julia y habrá que rendirse una vez más ante la evidencia de que ha logrado una obra literaria de una profundidad tal que una parte de América Latina, una parte de la condición humana, una parte de la luz y la oscuridad de lo que somos, lo hace un autor imprescindible del paso de dos siglos al que ha acompañado con las armas que ese tránsito le ha dado.
Pero, permítaseme escoger el desencanto de Zavalita y la bella muchacha ciega, como los dos seres más entrañables que invento el deicida que más admiré cuando tenía diecisiete años.

ENVÍEN A ARISTÓTELES


 
Por: UMBERTO ECO

(es autor de las novelas ‘La misteriosa llama de la Reina Loana’, ‘Baudolino’, ‘el Nombre de la Rosa’ y ‘El Péndulo de Foucault’. Traducción de Héctor Shelley)

“Una investigación de la compañía McAfee ha llegado a la conclusión de que el fenómeno del spam, es decir, de los mensajes no deseados que nos llegan por correo electrónico, produce un consumo de energía enorme. Un solo mensaje genera 0,3 gramos de dióxido de carbono, equivalente a las emisiones de un choche que recorre un metro de carretera. Parece ser que todo el spam en circulación consume 33 millones de kilowatios por hora de energía cada año, lo que equivaldría a lo que consumen tres millones de coches o dos millones y medio de hogares. De ello se deriva un efecto invernadero de 17 millones de toneladas de anhídrido carbónico. Salto otros detalles técnicos y me limito a observar que el spam, por lo tanto, no se limita a ser una molestia y a menudo una forma de robarnos información, sino que influye negativamente en nuestra salud.

Por lo visto, ninguna autoridad del mundo es capaz de reducir el spam, y tampoco los filtros que algunos de nosotros tenemos activados sirven de mucho: muchos mensajes no deseados pasan a través de sus mallas y parece ser que el mayor derroche de energía consiste precisamente en abrirlos o eliminarlos manualmente. Son cosas que te dan mucha rabia y uno piensa cómo puede defenderse por sí mismo. Como no se me ocurre nada mejor propongo la siguiente idea a modo de venganza.

Bien: dividamos a los que nos mandan mensajes no deseados entre pelmazos industriales y pelmazos artesanales. Me imagino que los pelmazos industriales tienen muchos medios para neutralizar mi protesta, pero hay millares de pelmazos artesanales, como los que en una lengua harto incierta nos dicen que hemos ganado un premio y nos piden nuestros datos, o el malayo que ha recibido una herencia enorme que por algún motivo no puede cobrar y nos pide que participemos al 50% para hacerla efectiva, claramente enviando una cierta suma como garantía, etcétera, etcétera. Los pelmazos artesanales quizá ni siquiera tengan banda ancha y no se si a ustedes les ha pasado alguna vez que algún majadero les mandase todo un volumen de 600 páginas, con fotografías en color incluidas, mientras no estaban en su casa con su hermosa banda ancha sino en un hotel o en una casa de campo, con el resultado de que, para descargar semejante basura, el ordenador se quedaba bloqueado durante por lo menos una hora.

Ahora, a este tipo de pelmazos se les puede contestar adjuntándoles la Biblia de Jerusalén. La pueden encontrar en italiano en el sitio www.liberliber.it/biblioteca/b/bibbia/index.htm y tal como les llega tiene 1.226 páginas y pesa 11.574 KB. Si tienen banda ancha, sale en pocos minutos, y si no, podrían hacer que el ordenador trabaje de noche. Si el que lo recibe no tiene banda ancha, alguna dificultad tendrá. Que so luego no fuera yo el único que se la menda sino que centenares de usuarios hacen lo mismo, el desgraciado se quedaría prácticamente inmovilizado.

Ya lo se que al hacerlo contribuirían a aumentar la contaminación. Claro que, si por casualidad, a la vuelta de algunas semanas, esta respuesta convenciera a una cierta cantidad de pelmazos para desistir, al final el precio energético pagado sería inferior a la ganancia final. Y además, pereat mundus, el placer de la venganza no soporta sórdidos cálculos.

Naturalmente, sin mucho esfuerzo, el plan se podría mejorar. El facsímil de la edición de 1552 de la Retórica y la Poética de Aristóteles, en formato PDF, tiene más de 37 mil Kb y las mismas dimensiones tiene la Summa Theologica en edición bilingüe. Los Misterios de París de Sue en edición francesa, él solo, a 76.871 Kb, casi seis veces la Biblia. Si además poseen ustedes una máquina eficiente y la ponen a trabajar de noche, pueden mandar todos los textos que he citado, juntos.

En fin, que también una organización industrial que se viera llegar algunos millares de biblias o de Misterios de París podría pensársela dos veces…y por lo tanto, la molestia para el destinataria igual de consistente”.

10 ene 2012

Escritos en sepia...

Tengo que decir que aquí me hallo, renovada sin ser diferente y con ganas de abrir un nuevo capítulo en este blog. Tengo que decir (otra vez) que les he echado de menos, pero que me canso de hacer siempre lo mismo con lo cual, de vez en cuando tengo que tomar unas vacaciones para desconectar.
Dicho lo anterior, es requerido señalar también que en este pseudo exilio voluntario, he tenido algunas experiencias relevantes que de seguro serán motivo de comentario en lo posterior. No obstante, básteme decir que entre añoranzas póstumas, los desayunos de la Janeth, festejos in-extenso, escritura sin descanso, lectura a rajatabla (solo esta vez),  y últimamente audiencias de medidas cautelares, tengo la cuenta completa (sino a punto).
Con todo lo anterior, estimados compañeros de viaje, doy por inaugurado este nuevo season en mi blog que al parecer todavía goza de signos vitales, porque no estaba muerto solo andaba….de viaje.


Camino a la ciudad de mi abuela paterna, después de seguir atentamente el floreciente paisaje a través de la ventana del tren en el que viajaba hacía tres horas, me permití dejar de lado “Señor Presidente”, depositar el libro en el fondo del bolso gris y a continuación sacar la mini computadora y sobre la mesa plegable que había frente a mí, seguir de vista e imaginación la siguiente conversación en un blog muy posiblemente escrito por un paisano mío: 
JG dijo...
Notable ensayo.
Vea si puede conseguir más cosas de Santisteban. Yo he leido solamente algunos ensayos sueltos, y todos son de primer nivel: rigurosos, inteligentes y de muy buen gusto.
(O sea, exactamente lo opuesto de Frank)

PD1. Zu, te habia pasado un acuso recibo por el link de Masliah. Pero lo hice por otra via. Recibi tambien tu convite faceboookiano: lamento no seguirlo, es que yo no tengo cuenta con esa gente. Estoy un poco demasiado viejo pa' esos rocanroles, creo.

PD2. Frank, estaba leyendo algo el otro dia, y me tope con esta frase: "If bullshit were music, you'd be a brass band". Ja!, de inmediato me acorde de usted. Ya ve, uno se borra, pero se acuerda de sus virtuales amistades.
Frank dijo...
Caramba, Juan. Encantadora la forma que tiene usted de recordarme.

¿Me dará pronta oportunidad de reivindicación? Sabe perfectamente que, aunque el tabique me lo hayan partido por crímenes propios, si no publico es a causa de otros dos carceleros muy celosos. Ni que doncella del Flandes me han resultado. Tremebundo calzón de castidad (virtual) me obligan a usar.

Ya somos dos sans-facebucottes, caro Juan. Nos halle Dios libres de culpa por esos delirios del adolescente 2.0.
Reciba un saludo con fanfarria de vientos.
JG dijo...
No, Frank, me malentiende usted. Lei esa frase y pense que le habria de gustar.
[Fanfarria de vientos? Mientras no sean flatus vocis...]

Estuve viendo comentarios en posts anteriores. Vi que Woody volvio. Y veo que el quisiera charlar sobre recientes opiniones de este señor Ferrufino.
Yo tambien quisiera charlar sobre eso. Pero antes, Woody tendrias que adelantar alguna idea, no? Vos que opinas? Estas de acuerdo? Si? No? No sabe/No contesta? El provocateur solo tira la mano y esconde la piedra.
[Si te gusta Los adioses esta todo bien]

He leido, hace un par de años, la anterior novela de Ferrufino. Me parece muy muy buena y me da mucha pena que haya pasado desapercibida. Deberia leerse y comentarse mas. Es una novela faulkneriana, de terratenientes abusivos, genealogias enredadas y todo eso.
He leido, tambien, esas opiniones que menciona Woody. No entiendo, realmente, a que vienen. Pero bueno, seguramente este señor tiene mejores cosas que hacer que pasearse por aca para charlar un rato.

Es la vieja querella, si. Demuestra que hay pasiones que estan bien vivas. Como el articulo de Zu el domingo, en Fondo Noir. Que barbaro. Cuanta fuerza que tiene. Y esa linea final es de antologia: saludar al maestro cuando era joven es todo un molotov.
A todo esto, cuando te compones una opera, Zu? En serio, te digo.
Y ahora odienme: yo vi hace un tiempo la opera con libreto de Burroughs y musica de Tom Waits. Protagonico de Marianne Faithfull.
The Black Rider, titula.
Es Lo Mas.

PD. Zu, murio Cunningham, leiste? Y hace como un mes, tambien se fue Pina Bausch. Pero los medios no hacen mas que celebrar a uno que bailaba p'atras. Que mundo, che.

Alberto dijo...
Ensayo magnifico. Un unico reparo, sin embargo: ojala el escrito, profundamente analitico, hubiera sido ademas valorativo. Le gusto la novela a Santiesteban? Es practicamente incierto.

PaBLo L dijo...
Saludos compañeros! Recién estoy descubriendo su blog y ya me topé con textos notables.

Por ahí cometí el exceso de escribir un ensayito sobre la novela de Hasbún. Les invito a pasar y comentar.
Estaremos en contacto para intercambiar sopas de letras.

Woody dijo...
Compañeros de bar, yo no leí la primera novela de Ferrufino pero sí la segunda (y también asistí a su multitudinaria presentación, donde había seis o siete personas en la testera!). Es desordenada y complaciente. Es vanidosa en un sentido diríamos lamentable. Se le ve a leguas que ha sido escrita en los ratos libres. Su prosa es ampulosa, excesiva, pagada y pegada de sí misma. Se esperaba cien veces más, después de la expectativa causada por el Casa de las Américas, que bien visto es un premio venido a menos. Faulkner? Ay, no, por favor JG! En El exilio voluntario no hay una pizca del desquiciado sureño. Qué pasa con sus ataques? El hombre está inquieto porque no recibe la atención que cree merecer. Como muchos de su generación (en Cochabamba Quiroga, Monroy, Lema...), le molesta que los nuevos estén trabajando de un modo diferente al de ellos. Es mejor lo que están haciendo los nuevos? Habría que ver. No necesariamente, qué dolor. Pero encarnan una figura determinada y reciben a caudales la atención que los otros añoran. Así de sencillito. Como plus, además está en juego la juventud. La perdieron, se les fue de las manos, y eso siempre, pero siempre de los siempres, es algo que arderá.

Qué linda su conversación, señores. Nomás eso quería decir.