2 may 2012

Saludos cordiales, estoy de regreso y ahora mismo tengo puesta una canción,  (sí, esa canción) y aunque no voy a alcanzar a postear antes de que termine, quizás la vuelva a poner unas dos veces más.
Hoy me acordé de pronunciarme sobre esto… y sobre otras cosas porque hace rato que no publico. Y se va la lluvia esta tarde mientras me pongo al día, y en realidad ya se fue, aunque el frío en esta ciudad siempre se queda. No lo digo como simbolismo de nada, no se confunda. No. Lo digo porque es lo que pasó, y por la cortina se puede ver y esto poco me gusta. La canción dice Leva me aos Fados, y hace un rato me estaba acordando del mes pasado, y la canción me da un poco de nostalgia, no por algo en especial, sino porque la pongo como landmark de posibilidades, o, por así decirlo, porque en la cosa de tener posibilidades a venir, también hay posibilidades de redefinir los recuerdos como x o y o z o… whatever. Sí, obvio, sí sé que no es nada importante, ni nuevo ni nada. Si no es un asunto de ánimo (siempre pienso que lo que sea que escriba va a sonar como algo que tiene que ver con mi ánimo o lo que estoy viviendo en ese momento, pero no), sino de ponerme al día con esas cosas y lo que sea.
Entonces diré que me complace estar rodeada últimamente de personas a las que considero interesantes, hemos descubierto juntas algunas realidades, que dadas las circunstancias actuales, me resultan más fructíferas a mí, ahora que me hallo en este escamoteo sin descanso de cuanta información específica pueda lograr, y que me ha obligado a buscar el estuche blanco de los lentes de descanso, para luego poner dedos en el teclado.
El tiempo se me pasa volando, el estudio de ahora quiere resultar a ratos algo mecánico y lo que recuerdo cuando acaba la semana son los momentos de ocio y es ideal... lo único que me fastidia un poco es el frío de la sala, pero pienso ponerle remedio en breve, así que no voy a quejarme por ese lado (además culpa mía que se me olvido llamar al man éste que pega las alfombras al piso y con ello tener listo de una vez por todas mi cuarto de estudio).
Con todo, puedo decir que entre papeleo y papeleo, el lunes pasado André y yo fuimos a comer un menú del día en un restaurante cercano, nos estuvimos riendo un poco de los nombres raros de algunos platillos, tomamos después unos mates demás porque el agotamiento de ambos no nos permitió siquiera tener los ojos medio abiertos. Así que decidimos regresar a casa, él con la maleta y el traje a cuestas, yo con mis tacones y mi look “Oh! my Dior”.
Pero después de las cinco, ya teníamos nuevamente la cabeza repleta de nuevas cosas para el escrito, sí para el de las cinco páginas. Transigí en cuanto a la organización de los títulos, pero al parecer resultó en vano, esa costumbre rara de… en fin, simplemente asumo que esas horas no me las quita nadie y bueno… ahora mismo estoy contenta porque me he quitado un peso de encima: el agobio que me estaba produciendo esta primera vuelta a los temas del primer módulo de técnicas de estudio cuando ahora ya hace prácticamente un par de años que no las veo, pero ya diría yo que sí o sí es de aplicarlas ahora que me lancé primero con el tema de la tesis y después con la auxiliatura y finalmente con el concurso de ensayo, vaya complicación!.
Bueno, en esta situación de echarle un vistazo a los gráficos petrificados de este libro prestado de biblioteca, volveré mas pronto que tarde a estar en situación de escribir en este blog (para ustedes y para mí), para no echarnos tanto de menos verdad?
Saludos cordiales nuevamente, y hasta pronto!.
(Para el final: Os dejo con la canción arriba citada)

29 mar 2012

“…y es que seis meses antes conocí a una mujer en Japón. Se había caído por las escaleras y se había estampado contra la pared…ese mismo día le pedí que se casara conmigo”.

Dice que le cambió la vida y le ayudó a relajarse, porque cuando te relajas, te muestras más abierto. Habitualmente está tenso, sin embargo cuando vio la respuesta entusiasta de la audiencia en Río, pensó “No tengo nada que perder” y dejó que la música brotara por sí misma...”Pienso que es lo mejor que he hecho nunca, sinceramente”.
Del mismo modo, describe que el tocar el piano solo le resulta una exigencia física por demás absorbente, porque “…es como si yo fuera tres personas diferentes: una está escuchando, la otra está tocando y la tercera está creando…Se puede hablar de una experiencia espiritual y emocional, pero el asunto en su conjunto es más misterioso de lo que nadie piensa”.
Y así resulta que Keith Jarret (Pensilvania 1945), el último entre los grandes divos del Jazz, acaba de publicar su nuevo disco del que con convicción afirma: “No me da miedo reconocer que algo mío es bueno, no soy un cobarde. Si lo fuera, diría que es una tontería, que soy un pianista como cualquier otro, etcétera, pero no lo creo. Tengo  que ser honesto conmigo mismo. Creo que he creado algo en un formato que nadie ha utilizado antes, y eso me otorga cierto crédito”.
(De una entrevista realizada por Chema García)

7 mar 2012

EMMA ZUNZ

(JORGE LUIS BORGES)

El catorce de enero de 1922, Emma Zunz, al volver de la fábrica de tejidos Tarbuch y Loewenthal, halló en el fondo del zaguán una carta, fechada en el Brasil, por la que supo que su padre había muerto. La engañaron, a primera vista, el sello y el sobre; luego, la inquietó la letra desconocida. Nueve diez líneas borroneadas querían colmar la hoja; Emma leyó que el señor Maier había ingerido por error una fuerte dosis de veronal y había fallecido el tres del corriente en el hospital de Bagé. Un compañero de pensión de su padre firmaba la noticia, un tal Feino Fain, de Río Grande, que no podía saber que se dirigía a la hija del muerto.
Emma dejó caer el papel. Su primera impresión fue de malestar en el vientre y en las rodillas; luego de ciega culpa, de irrealidad, de frío, de temor; luego, quiso ya estar en el día siguiente. Acto contínuo comprendió que esa voluntad era inútil porque la muerte de su padre era lo único que había sucedido en el mundo, y seguiría sucediendo sin fin. Recogió el papel y se fue a su cuarto. Furtivamente lo guardó en un cajón, como si de algún modo ya conociera los hechos ulteriores. Ya había empezado a vislumbrarlos, tal vez; ya era la que sería.
En la creciente oscuridad, Emma lloró hasta el fin de aquel día del suicidio de Manuel Maier, que en los antiguos días felices fue Emanuel Zunz. Recordó veraneos en una chacra, cerca de Gualeguay, recordó (trató de recordar) a su madre, recordó la casita de Lanús que les remataron, recordó los amarillos losanges de una ventana, recordó el auto de prisión, el oprobio, recordó los anónimos con el suelto sobre «el desfalco del cajero», recordó (pero eso jamás lo olvidaba) que su padre, la última noche, le había jurado que el ladrón era Loewenthal. Loewenthal, Aarón Loewenthal, antes gerente de la fábrica y ahora uno de los dueños. Emma, desde 1916, guardaba el secreto. A nadie se lo había revelado, ni siquiera a su mejor amiga, Elsa Urstein. Quizá rehuía la profana incredulidad; quizá creía que el secreto era un vínculo entre ella y el ausente. Loewenthal no sabía que ella sabía; Emma Zunz derivaba de ese hecho ínfimo un sentimiento de poder.
No durmió aquella noche, y cuando la primera luz definió el rectángulo de la ventana, ya estaba perfecto su plan. Procuró que ese día, que le pareció interminable, fuera como los otros. Había en la fábrica rumores de huelga; Emma se declaró, como siempre, contra toda violencia. A las seis, concluido el trabajo, fue con Elsa a un club de mujeres, que tiene gimnasio y pileta. Se inscribieron; tuvo que repetir y deletrear su nombre y su apellido, tuvo que festejar las bromas vulgares que comentan la revisación. Con Elsa y con la menor de las Kronfuss discutió a qué cinematógrafo irían el domingo a la tarde. Luego, se habló de novios y nadie esperó que Emma hablara. En abril cumpliría diecinueve años, pero los hombres le inspiraban, aún, un temor casi patológico... De vuelta, preparó una sopa de tapioca y unas legumbres, comió temprano, se acostó y se obligó a dormir. Así, laborioso y trivial, pasó el viernes quince, la víspera.
El sábado, la impaciencia la despertó. La impaciencia, no la inquietud, y el singular alivio de estar en aquel día, por fin. Ya no tenía que tramar y que imaginar; dentro de algunas horas alcanzaría la simplicidad de los hechos. Leyó en La Prensa que el Nordstjärnan, de Malmö, zarparía esa noche del dique 3; llamó por teléfono a Loewenthal, insinuó que deseaba comunicar, sin que lo supieran las otras, algo sobre la huelga y prometió pasar por el escritorio, al oscurecer. Le temblaba la voz; el temblor convenía a una delatora. Ningún otro hecho memorable ocurrió esa mañana. Emma trabajó hasta las doce y fijó con Elsa y con Perla Kronfuss los pormenores del paseo del domingo. Se acostó después de almorzar y recapituló, cerrados los ojos, el plan que había tramado. Pensó que la etapa final sería menos horrible que la primera y que le depararía, sin duda, el sabor de la victoria y de la justicia. De pronto, alarmada, se levantó y corrió al cajón de la cómoda. Lo abrió; debajo del retrato de Milton Sills, donde la había dejado la antenoche, estaba la carta de Fain. Nadie podía haberla visto; la empezó a leer y la rompió.
Referir con alguna realidad los hechos de esa tarde sería difícil y quizá improcedente. Un atributo de lo infernal es la irrealidad, un atributo que parece mitigar sus terrores y que los agrava tal vez. ¿Cómo hacer verosímil una acción en la que casi no creyó quien la ejecutaba, cómo recuperar ese breve caos que hoy la memoria de Emma Zunz repudia y confunde? Emma vivía por Almagro, en la calle Liniers; nos consta que esa tarde fue al puerto. Acaso en el infame Paseo de Julio se vio multiplicada en espejos, publicada por luces y desnudada por los ojos hambrientos, pero más razonable es conjeturar que al principio erró, inadvertida, por la indiferente recova... Entró en dos o tres bares, vio la rutina o los manejos de otras mujeres. Dio al fin con hombres del Nordstjärnan. De uno, muy joven, temió que le inspirara alguna ternura y optó por otro, quizá más bajo que ella y grosero, para que la pureza del horror no fuera mitigada. El hombre la condujo a una puerta y después a un turbio zaguán y después a una escalera tortuosa y después a un vestíbulo (en el que había una vidriera con losanges idénticos a los de la casa en Lanús) y después a un pasillo y después a una puerta que se cerró. Los hechos graves están fuera del tiempo, ya porque en ellos el pasado inmediato queda como tronchado del porvenir, ya porque no parecen consecutivas las partes que los forman.
¿En aquel tiempo fuera del tiempo, en aquel desorden perplejo de sensaciones inconexas y atroces, pensó Emma Zunz una sola vez en el muerto que motivaba el sacrificio? Yo tengo para mí que pensó una vez y que en ese momento peligró su desesperado propósito. Pensó (no pudo no pensar) que su padre le había hecho a su madre la cosa horrible que a ella ahora le hacían. Lo pensó con débil asombro y se refugió, en seguida, en el vértigo. El hombre, sueco o finlandés, no hablaba español; fue una herramienta para Emma como ésta lo fue para él, pero ella sirvió para el goce y él para la justicia. Cuando se quedó sola, Emma no abrió en seguida los ojos. En la mesa de luz estaba el dinero que había dejado el hombre: Emma se incorporó y lo rompió como antes había roto la carta. Romper dinero es una impiedad, como tirar el pan; Emma se arrepintió, apenas lo hizo. Un acto de soberbia y en aquel día... El temor se perdió en la tristeza de su cuerpo, en el asco. El asco y la tristeza la encadenaban, pero Emma lentamente se levantó y procedió a vestirse. En el cuarto no quedaban colores vivos; el último crepúsculo se agravaba. Emma pudo salir sin que lo advirtieran; en la esquina subió a un Lacroze, que iba al oeste. Eligió, conforme a su plan, el asiento más delantero, para que no le vieran la cara. Quizá le confortó verificar, en el insípido trajín de las calles, que lo acaecido no había contaminado las cosas. Viajó por barrios decrecientes y opacos, viéndolos y olvidándolos en el acto, y se apeó en una de las bocacalles de Warnes. Pardójicamente su fatiga venía a ser una fuerza, pues la obligaba a concentrarse en los pormenores de la aventura y le ocultaba el fondo y el fin.
Aarón Loewenthal era, para todos, un hombre serio; para sus pocos íntimos, un avaro. Vivía en los altos de la fábrica, solo. Establecido en el desmantelado arrabal, temía a los ladrones; en el patio de la fábrica había un gran perro y en el cajón de su escritorio, nadie lo ignoraba, un revólver. Había llorado con decoro, el año anterior, la inesperada muerte de su mujer - ¡una Gauss, que le trajo una buena dote! -, pero el dinero era su verdadera pasión. Con íntimo bochorno se sabía menos apto para ganarlo que para conservarlo. Era muy religioso; creía tener con el Señor un pacto secreto, que lo eximía de obrar bien, a trueque de oraciones y devociones. Calvo, corpulento, enlutado, de quevedos ahumados y barba rubia, esperaba de pie, junto a la ventana, el informe confidencial de la obrera Zunz.
La vio empujar la verja (que él había entornado a propósito) y cruzar el patio sombrío. La vio hacer un pequeño rodeo cuando el perro atado ladró. Los labios de Emma se atareaban como los de quien reza en voz baja; cansados, repetían la sentencia que el señor Loewenthal oiría antes de morir.
Las cosas no ocurrieron como había previsto Emma Zunz. Desde la madrugada anterior, ella se había soñado muchas veces, dirigiendo el firme revólver, forzando al miserable a confesar la miserable culpa y exponiendo la intrépida estratagema que permitiría a la Justicia de Dios triunfar de la justicia humana. (No por temor, sino por ser un instrumento de la Justicia, ella no quería ser castigada.) Luego, un solo balazo en mitad del pecho rubricaría la suerte de Loewenthal. Pero las cosas no ocurrieron así.
Ante Aarón Loeiventhal, más que la urgencia de vengar a su padre, Emma sintió la de castigar el ultraje padecido por ello. No podía no matarlo, después de esa minuciosa deshonra. Tampoco tenía tiempo que perder en teatralerías. Sentada, tímida, pidió excusas a Loewenthal, invocó (a fuer de delatora) las obligaciones de la lealtad, pronunció algunos nombres, dio a entender otros y se cortó como si la venciera el temor. Logró que Loewenthal saliera a buscar una copa de agua. Cuando éste, incrédulo de tales aspavientos, pero indulgente, volvió del comedor, Emma ya había sacado del cajón el pesado revólver. Apretó el gatillo dos veces. El considerable cuerpo se desplomó como si los estampi-dos y el humo lo hubieran roto, el vaso de agua se rompió, la cara la miró con asombro y cólera, la boca de la cara la injurió en español y en ídisch. Las malas palabras no cejaban; Emma tuvo que hacer fuego otra vez. En el patio, el perro encadenado rompió a ladrar, y una efusión de brusca sangre manó de los labios obscenos y manchó la barba y la ropa. Emma inició la acusación que había preparado («He vengado a mi padre y no me podrán castigar...»), pero no la acabó, porque el señor Loewenthal ya había muerto. No supo nunca si alcanzó a comprender.
Los ladridos tirantes le recordaron que no podía, aún, descansar. Desordenó el diván, desabrochó el saco del cadáver, le quitó los quevedos salpicados y los dejó sobre el fichero. Luego tomó el teléfono y repitió lo que tantas veces repetiría, con esas y con otras palabras: Ha ocurrido una cosa que es increíble... El señor Loewenthal me hizo venir con el pretexto de la huelga... Abusó de mí, lo maté...
La historia era increíble, en efecto, pero se impuso a todos, porque sustancialmente era cierta. Verdadero era el tono de Emma Zunz, verdadero el pudor, verdadero el odio. Verdadero también era el ultraje que había padecido; sólo eran falsas las circunstancias, la hora y uno o dos nombres propios.

16 ene 2012

VARGAS LLOSA MÁS ALLA DEL NOBEL

(Por Carlos D. Mesa, Publicado en El País de Madrid el 20 de octubre de 2010)

Conversación en la Catedral fue para mí un deslumbramiento. Me conectó de modo definitivo con la literatura latinoamericana y me acercó carnalmente a la realidad, una realidad que aparecía en la novela a partir de una Lima agria como “La Catedral”, el bar en el que Zavalita desgranaba el Perú y desgranaba algo más; nuestra América. Era el fin de los años sesenta. A su lado y por contraste, me ronda la figura de otro personaje de esa historia, Bermúdez, el siniestro ministro del Interior, razonablemente pulcro, obsesivamente ordenado, cínico e implacable “como correspondía”. Por si fuera poco, todavía late en mi mente la escena entre fascinante y obscena del amor prohibido entre dos mujeres que, como en el personaje de Lalita en La Casa Verde, tenía mucho de erotismo, de pasión y aunque suene absurdo, de pureza.
Vargas Llosa me apasionó porque me obligó a sumergirme en sus palabras, recorrer los mismos ríos intrincados del “chino” que navegaba los ríos de la selva hasta volverse selva. Pasaba entonces las páginas tratando de adivinar al final de cada capítulo sólo para saber cómo resolvería el novelista el siguiente, cómo armaría las piezas intrincadas de la (s) historia (s), cómo envolvería y desenvolvería la trama y los personajes. Era una racionalidad mágica. Pensé entonces, sin haber leído todavía a Joyce ni a Faulkner, que la palabra construida, rodeada, explosiva, intencionalmente trabajada con la paciencia y la destreza del orfebre, lo era todo porque se había convertido en la suma maravillosa de contenedor y contenido en perfecta y desafiante armonía. Admiré la prosa poética, el relato cortante, los personajes cuyo realismo hería. Quedé completamente embelesado con las dos novelas, por encima de La Ciudad y los Perros, aunque “el poeta”, ese curioso personaje anticlimático del colegio militar Leoncio Prado, aún  ejercía una suerte de hipnotismo sobre un adolescente como yo que aspiraba a escribir no sólo las cartas de los reclutas, sino la novela del novelista. Buscaba descubrir en el joven cadete el mundo secreto del amor juvenil mirado desde una mezcla de sexualidad animal e ingenuo romanticismo.
No sé si Zavalita y Lalita son los mejores personajes de Vargas Llosa, ni sé tampoco si él mismo a lo largo de su extensa obra, mira hoy de otro modo ese tour de force tan del boom latinoamericano y tan permeado por las ideas de cuando escribió ambas obras, una Cuba de la que no se podía ser sino rendido admirador, hasta que –caso Padilla mediante- se destapó la disyuntiva imposible entre revolución y democracia que Fidel Castro resolvió de modo implacable.
Vargas Llosa, lo dice casi todo el mundo, es un gran narrador pero un derechista radical. Empecemos por el principio, Vargas Llosa es uno de los grandes novelistas de nuestro tiempo y es un liberal convencido y militante que ha decidido hacer de la pluma una trinchera del pensamiento político en el que cree. Podría decirse con ligereza que una cosa no tiene que ver con la otra, pero sería absurdo pretender que el narrador nada tiene que ver con el columnista apasionado. Ambos son uno y el mismo.
Cuando conversé por primera vez con él en 1986 y le hice una entrevista para un programa de televisión en Bolivia, sencillamente pensé que había tenido uno de los mayores privilegios de mi vida. Su lucidez literaria me abrumaba. ¿Cómo no recordar en ese diálogo La Orgía Perpetua y su magistral retrato de Flaubert? Años después me destoqué ante La Utopía Arcaica, el más lúcido tránsito por el pensamiento indigenista peruano a partir de la figura gigantesca (pero no intocable) de José María Arguedas.
Hoy, prefiero recordar esa primera entrevista y mi admiración ilimitada de esos años. Mis encuentros posteriores con el escritor –como suele suceder- desdibujaron la magia del ídolo admirado para enfrentar al hombre de carne y hueso, su evidente cansancio por las entrevistas infinitas, o la imposibilidad de usar sus mismos atributos como creador literario a la hora de intentar entender las tribulaciones de una circunstancia, o la distancia casi gélida para marcar sin matices la diferencia entre su visión de lo bueno y de lo malo.
Pero, es obvio, poco importa mi percepción personal sobre la figura del novelista que acaba de ganar el premio Nóbel. Vargas Llosa –no se dude- es más que el Nóbel, pero el Nóbel le calza con justeza. Borges fue mucho más que el Nóbel y prueba que el premio no modifica nada. Con los años –creo-  a diferencia de tantos y tantos escritores laureados por los suecos, el novelista peruano pervivirá porque es una de las grandes figuras de nuestras letras, tanto como es una figura influyente en el debate sobre el pensamiento moderno en política y en filosofía política y como tal será también recordado. Por eso conservo sus tres tomos de Contra Viento y Marea, lo mejor de su obra ensayística política, aunque muchas veces me siento muy lejos de sus ideas, pero nunca indiferente a sus provocaciones.
Lo que no haré jamás será alejarme de sus novelas que leí con fruición. Vargas Llosa no es como Rulfo hombre de un par de obras, pero cuando se tenga que escoger, me da la impresión de que él mismo preferiría una o dos de sus grandes novelas antes que una difusa obra completa, tan desigual cuanto prolífica. Quizás, sin embargo, antes de afirmarlo tan categóricamente, valdrá recordar  La Guerra del fin del Mundo, Lituma en los Andes y El Hablador, o dos deliciosas novelas difícilmente catalogables como Pantaleón… y La Tía Julia y habrá que rendirse una vez más ante la evidencia de que ha logrado una obra literaria de una profundidad tal que una parte de América Latina, una parte de la condición humana, una parte de la luz y la oscuridad de lo que somos, lo hace un autor imprescindible del paso de dos siglos al que ha acompañado con las armas que ese tránsito le ha dado.
Pero, permítaseme escoger el desencanto de Zavalita y la bella muchacha ciega, como los dos seres más entrañables que invento el deicida que más admiré cuando tenía diecisiete años.

ENVÍEN A ARISTÓTELES


 
Por: UMBERTO ECO

(es autor de las novelas ‘La misteriosa llama de la Reina Loana’, ‘Baudolino’, ‘el Nombre de la Rosa’ y ‘El Péndulo de Foucault’. Traducción de Héctor Shelley)

“Una investigación de la compañía McAfee ha llegado a la conclusión de que el fenómeno del spam, es decir, de los mensajes no deseados que nos llegan por correo electrónico, produce un consumo de energía enorme. Un solo mensaje genera 0,3 gramos de dióxido de carbono, equivalente a las emisiones de un choche que recorre un metro de carretera. Parece ser que todo el spam en circulación consume 33 millones de kilowatios por hora de energía cada año, lo que equivaldría a lo que consumen tres millones de coches o dos millones y medio de hogares. De ello se deriva un efecto invernadero de 17 millones de toneladas de anhídrido carbónico. Salto otros detalles técnicos y me limito a observar que el spam, por lo tanto, no se limita a ser una molestia y a menudo una forma de robarnos información, sino que influye negativamente en nuestra salud.

Por lo visto, ninguna autoridad del mundo es capaz de reducir el spam, y tampoco los filtros que algunos de nosotros tenemos activados sirven de mucho: muchos mensajes no deseados pasan a través de sus mallas y parece ser que el mayor derroche de energía consiste precisamente en abrirlos o eliminarlos manualmente. Son cosas que te dan mucha rabia y uno piensa cómo puede defenderse por sí mismo. Como no se me ocurre nada mejor propongo la siguiente idea a modo de venganza.

Bien: dividamos a los que nos mandan mensajes no deseados entre pelmazos industriales y pelmazos artesanales. Me imagino que los pelmazos industriales tienen muchos medios para neutralizar mi protesta, pero hay millares de pelmazos artesanales, como los que en una lengua harto incierta nos dicen que hemos ganado un premio y nos piden nuestros datos, o el malayo que ha recibido una herencia enorme que por algún motivo no puede cobrar y nos pide que participemos al 50% para hacerla efectiva, claramente enviando una cierta suma como garantía, etcétera, etcétera. Los pelmazos artesanales quizá ni siquiera tengan banda ancha y no se si a ustedes les ha pasado alguna vez que algún majadero les mandase todo un volumen de 600 páginas, con fotografías en color incluidas, mientras no estaban en su casa con su hermosa banda ancha sino en un hotel o en una casa de campo, con el resultado de que, para descargar semejante basura, el ordenador se quedaba bloqueado durante por lo menos una hora.

Ahora, a este tipo de pelmazos se les puede contestar adjuntándoles la Biblia de Jerusalén. La pueden encontrar en italiano en el sitio www.liberliber.it/biblioteca/b/bibbia/index.htm y tal como les llega tiene 1.226 páginas y pesa 11.574 KB. Si tienen banda ancha, sale en pocos minutos, y si no, podrían hacer que el ordenador trabaje de noche. Si el que lo recibe no tiene banda ancha, alguna dificultad tendrá. Que so luego no fuera yo el único que se la menda sino que centenares de usuarios hacen lo mismo, el desgraciado se quedaría prácticamente inmovilizado.

Ya lo se que al hacerlo contribuirían a aumentar la contaminación. Claro que, si por casualidad, a la vuelta de algunas semanas, esta respuesta convenciera a una cierta cantidad de pelmazos para desistir, al final el precio energético pagado sería inferior a la ganancia final. Y además, pereat mundus, el placer de la venganza no soporta sórdidos cálculos.

Naturalmente, sin mucho esfuerzo, el plan se podría mejorar. El facsímil de la edición de 1552 de la Retórica y la Poética de Aristóteles, en formato PDF, tiene más de 37 mil Kb y las mismas dimensiones tiene la Summa Theologica en edición bilingüe. Los Misterios de París de Sue en edición francesa, él solo, a 76.871 Kb, casi seis veces la Biblia. Si además poseen ustedes una máquina eficiente y la ponen a trabajar de noche, pueden mandar todos los textos que he citado, juntos.

En fin, que también una organización industrial que se viera llegar algunos millares de biblias o de Misterios de París podría pensársela dos veces…y por lo tanto, la molestia para el destinataria igual de consistente”.

10 ene 2012

Escritos en sepia...

Tengo que decir que aquí me hallo, renovada sin ser diferente y con ganas de abrir un nuevo capítulo en este blog. Tengo que decir (otra vez) que les he echado de menos, pero que me canso de hacer siempre lo mismo con lo cual, de vez en cuando tengo que tomar unas vacaciones para desconectar.
Dicho lo anterior, es requerido señalar también que en este pseudo exilio voluntario, he tenido algunas experiencias relevantes que de seguro serán motivo de comentario en lo posterior. No obstante, básteme decir que entre añoranzas póstumas, los desayunos de la Janeth, festejos in-extenso, escritura sin descanso, lectura a rajatabla (solo esta vez),  y últimamente audiencias de medidas cautelares, tengo la cuenta completa (sino a punto).
Con todo lo anterior, estimados compañeros de viaje, doy por inaugurado este nuevo season en mi blog que al parecer todavía goza de signos vitales, porque no estaba muerto solo andaba….de viaje.


Camino a la ciudad de mi abuela paterna, después de seguir atentamente el floreciente paisaje a través de la ventana del tren en el que viajaba hacía tres horas, me permití dejar de lado “Señor Presidente”, depositar el libro en el fondo del bolso gris y a continuación sacar la mini computadora y sobre la mesa plegable que había frente a mí, seguir de vista e imaginación la siguiente conversación en un blog muy posiblemente escrito por un paisano mío: 
JG dijo...
Notable ensayo.
Vea si puede conseguir más cosas de Santisteban. Yo he leido solamente algunos ensayos sueltos, y todos son de primer nivel: rigurosos, inteligentes y de muy buen gusto.
(O sea, exactamente lo opuesto de Frank)

PD1. Zu, te habia pasado un acuso recibo por el link de Masliah. Pero lo hice por otra via. Recibi tambien tu convite faceboookiano: lamento no seguirlo, es que yo no tengo cuenta con esa gente. Estoy un poco demasiado viejo pa' esos rocanroles, creo.

PD2. Frank, estaba leyendo algo el otro dia, y me tope con esta frase: "If bullshit were music, you'd be a brass band". Ja!, de inmediato me acorde de usted. Ya ve, uno se borra, pero se acuerda de sus virtuales amistades.
Frank dijo...
Caramba, Juan. Encantadora la forma que tiene usted de recordarme.

¿Me dará pronta oportunidad de reivindicación? Sabe perfectamente que, aunque el tabique me lo hayan partido por crímenes propios, si no publico es a causa de otros dos carceleros muy celosos. Ni que doncella del Flandes me han resultado. Tremebundo calzón de castidad (virtual) me obligan a usar.

Ya somos dos sans-facebucottes, caro Juan. Nos halle Dios libres de culpa por esos delirios del adolescente 2.0.
Reciba un saludo con fanfarria de vientos.
JG dijo...
No, Frank, me malentiende usted. Lei esa frase y pense que le habria de gustar.
[Fanfarria de vientos? Mientras no sean flatus vocis...]

Estuve viendo comentarios en posts anteriores. Vi que Woody volvio. Y veo que el quisiera charlar sobre recientes opiniones de este señor Ferrufino.
Yo tambien quisiera charlar sobre eso. Pero antes, Woody tendrias que adelantar alguna idea, no? Vos que opinas? Estas de acuerdo? Si? No? No sabe/No contesta? El provocateur solo tira la mano y esconde la piedra.
[Si te gusta Los adioses esta todo bien]

He leido, hace un par de años, la anterior novela de Ferrufino. Me parece muy muy buena y me da mucha pena que haya pasado desapercibida. Deberia leerse y comentarse mas. Es una novela faulkneriana, de terratenientes abusivos, genealogias enredadas y todo eso.
He leido, tambien, esas opiniones que menciona Woody. No entiendo, realmente, a que vienen. Pero bueno, seguramente este señor tiene mejores cosas que hacer que pasearse por aca para charlar un rato.

Es la vieja querella, si. Demuestra que hay pasiones que estan bien vivas. Como el articulo de Zu el domingo, en Fondo Noir. Que barbaro. Cuanta fuerza que tiene. Y esa linea final es de antologia: saludar al maestro cuando era joven es todo un molotov.
A todo esto, cuando te compones una opera, Zu? En serio, te digo.
Y ahora odienme: yo vi hace un tiempo la opera con libreto de Burroughs y musica de Tom Waits. Protagonico de Marianne Faithfull.
The Black Rider, titula.
Es Lo Mas.

PD. Zu, murio Cunningham, leiste? Y hace como un mes, tambien se fue Pina Bausch. Pero los medios no hacen mas que celebrar a uno que bailaba p'atras. Que mundo, che.

Alberto dijo...
Ensayo magnifico. Un unico reparo, sin embargo: ojala el escrito, profundamente analitico, hubiera sido ademas valorativo. Le gusto la novela a Santiesteban? Es practicamente incierto.

PaBLo L dijo...
Saludos compañeros! Recién estoy descubriendo su blog y ya me topé con textos notables.

Por ahí cometí el exceso de escribir un ensayito sobre la novela de Hasbún. Les invito a pasar y comentar.
Estaremos en contacto para intercambiar sopas de letras.

Woody dijo...
Compañeros de bar, yo no leí la primera novela de Ferrufino pero sí la segunda (y también asistí a su multitudinaria presentación, donde había seis o siete personas en la testera!). Es desordenada y complaciente. Es vanidosa en un sentido diríamos lamentable. Se le ve a leguas que ha sido escrita en los ratos libres. Su prosa es ampulosa, excesiva, pagada y pegada de sí misma. Se esperaba cien veces más, después de la expectativa causada por el Casa de las Américas, que bien visto es un premio venido a menos. Faulkner? Ay, no, por favor JG! En El exilio voluntario no hay una pizca del desquiciado sureño. Qué pasa con sus ataques? El hombre está inquieto porque no recibe la atención que cree merecer. Como muchos de su generación (en Cochabamba Quiroga, Monroy, Lema...), le molesta que los nuevos estén trabajando de un modo diferente al de ellos. Es mejor lo que están haciendo los nuevos? Habría que ver. No necesariamente, qué dolor. Pero encarnan una figura determinada y reciben a caudales la atención que los otros añoran. Así de sencillito. Como plus, además está en juego la juventud. La perdieron, se les fue de las manos, y eso siempre, pero siempre de los siempres, es algo que arderá.

Qué linda su conversación, señores. Nomás eso quería decir.

13 jun 2011

EN HONOR A…

“…CÓMO PUDO SUCEDERME A MÍ”
(c.c. para CC Rodríguez)

Ocurre que después de escuchar sus canciones por algo más de tres años, casi ocho horas diarias, - y al mismo tiempo sin aceptarlas o reconocer a su intérprete y autor como uno de mis artistas favoritos-, resultó que ayer cambiando de canal, me topé con él en concierto. Este trovador español que a decir de Fernando Mayorga “…agita tormentas en el alma, que atormenta corazones, que ilumina el lado oscuro de la luna solamente para hacernos dar cuenta que la miseria humana convive con el sentimiento, que el amor no es una entelequia ni una etiqueta, que es dicha efímera y es lucha cotidiana; que en el juego de la vida perder es moneda corriente y que tal vez por eso vale el desafío de enfrentar su desabrido reto. Así, sin contemplaciones, Joaquín Sabina juega con la soledad y la melancolía en dosis precisas… Este flaco y esperpéntico español que en el juego de espejismos y malabarismos que es la existencia —búsqueda de identidad y de exacta comunión con los otros—, es capaz de preferir al “pirata cojo con cara de malo, con parche en el ojo, con pata de palo” entre todos los truhanes de la noche y sus sombras. Este bohemio fumatérico que cuando busca su amor perdido en el mismo bar de la esquina del otro verano y sólo encuentra una sucursal bancaria se queda cantando “y nos dieron las diez y las once y las doce y la una y las dos y las tres...” como nostalgia de lo que nunca ocurrió. Este trovador que vive en la Calle Melancolía y siempre pierde el tranvía que conduce al barrio de la Alegría. Este ñato que farrea con la Chavela Vargas y le canta como nadie le cantó mientras se recogían una noche por el Boulevard de los Sueños Rotos. Este hermano que le dice a Joan Manuel Serrat que es su hermano…” ese mismo tipo se me apareció de pronto y sin previo aviso, allí en frente. Iba vestido con sombrero y saco forrados en tela de papel periódico. Y no le cambié porque canturreaba quien me ha robado el mes de abril, canción que, a decir verdad, fue la primera de todas las que durante los años mencionados, me tocó oír contrariamente a mi voluntad inicial, y de la que memoricé la letra, aunque claro, nadie podía saber que además de aquella, también y sin querer queriendo, había aprendido la que le canta a la Magdalena, o a sus Noches de Bodas.

No obstante de ello, ayer me descubrí cantando (o tarareando por cuestiones obvias) media docena más de esos temones. Ya para cuando hicieron una pausa en el concierto, cuyo teatro abarrotado daba la impresión de presenciar en persona la poesía y melodía de tan diversos registros musicales y ritmos combinados, no tuve mas remedio que confesarme a mi misma que era cierto, que después de un trío de años de insistencia y promesas de que algún día ocurriría, había llegado el día de aceptar ante aquel televisor, que me había sentido alguna vez tentada a mudarme allí Donde Habita el Olvido…que era totalmente cierto que disfrutaba de la música de Sabina y que, para sorpresa mía, esto había sucedido ya hacía algunos años atrás.

PODRÍA SER FILOSOFÍA...

FRAGMENTOS DE UN DICCIONARIO DE FILOSOFÍA EN CLAVE ESCÉPTICA
(Mauricio Gil)

Amo, luego no existo. Última y definitiva refutación del principio cartesiano (cogito, ergo sum), ideada por un filósofo anónimo cochabambino de principios del siglo XXI. Se considera una contra-intuición basada en la dolorosa experiencia de disolución del propio yo en casos de amor desaforado. El marxismo interpreta el fenómeno en un sentido no metafísico, como una forma de la alineación, aquella por la cual se pierde uno a sí mismo por efectos de la dominación mágica de un(a) dios(a) mortal. En este sentido, se trata de un fenómeno no privativo del capitalismo.

Fusible. Definición contemporánea del artista (cf. Charly García, “Correte Beethoven”). El artista se quema haciendo experiencias extremas que los otros miembros de la sociedad no podrían soportar. Con ello permite al resto acceder a las corrientes extremas de la vida de manera indirecta. La sociedad, no obstante, suele portarse mal agradecida o indiferente. Ignora que sin artistas mal podría sobrevivir en un mundo de altas tensiones.

Preferiría tu sonrisa a toda la verdad. Versión pop-rock (Fito Paez) de un antiguo principio de la filosofía vitalista. En su forma trivial es común entre enamorados de vocación filosófica débil o nula.

Vanidad. Error no sólo ético sino estético (o sea, es fea la vanidad, o al menos chinchosa). Se instala con facilidad sobre todo en la literatura –como si el vehículo de la vanidad (que no suele ir a pie) fuese eminentemente la palabra. Según Borges, en efecto, la vanidad es el principal defecto de la literatura actual. Extrañamente, los escritores y artistas varones-heterosexuales son más vanidosos que las reinas de belleza o las modelos top. Éstas, salvo algún defecto neuronal grave, intuyen que su belleza es transitoria; aquellos, en cambio, piensan que su genio es inmortal. Esto no vale para las escritoras y artistas mujeres u homosexuales que, quién sabe por qué, rara vez incurren en este error estético y moral. No debe confundirse con soberbia (cf. Jaime Saenz, Vidas y muertes).

Fin de la historia. Se puede interpretar en el sentido performativo de “se acabó nena, ya no va más” (cf. J.L Austin, How to Do Things with Words). Fukuyama, en cambio, usa la expresión para sugerir, no el fin de los tiempos, sino el postulado político de que no hay mejor forma de gobierno que la democracia liberal. (La especie ya habría experimentado todo lo que se puede experimentar, y de ello podría concluir qué es lo mejor y qué lo peor; cualquier alternativa “nueva” a la democracia liberal sería en realidad un retroceso, cualquier nuevo experimento, una repetición). Esta manera de entender el fin de la historia es hegeliana; antihegeliana, en cambio, es la de J.-F. Lyotard, para quien la “nena” sería la modernidad.

5 may 2011

SEGÚN EL DIARIO DE M. Q.

(…de una tarde en que tenia problemas para compaginar)

DOMINGO 13
A V.R.:
¡Gracias por dictarme incorrecta su dirección electrónica! (aunque es tanto posible que yo no la haya escuchado del todo bien y por tanto, escrito erróneamente). De todos modos, mi estimado Editor, he enviado asimismo el documento en cuestión, tanto a la errada dirección, como a un par más que aparecieron bajo su nombre.
No obstante, y muy a pesar mío, he descubierto con tantísima pena que no ha cumplido usted su palabra, por cuanto no he recibido respuesta escrita suya, ni visto publicado mi artículo, esta mañana. Por consiguiente, básteme decir que no cuento lo sucedido en su contra, pues a falta de uno, hace un cuarto de hora, S.R. mi antigua amiga, ha podido incluir mi escrito en su antes creado blog, el cual a esta hora, ha recibido doscientas ochenta y tres críticas favorables.
En tal sentido, mi nunca más estimado Editor, mucho agradeceré a usted, se sirva no contar entre sus futuros documentos, aporte mío alguno.
Atentamente:
M.Q.

LUNES 14
Después de un transido silencio, Maria Valina comenzó su relato, el que con cierta complicidad, decidió compartir conmigo, pidiéndome con anticipación, su registro por escrito.
Eran las siete y diez de la mañana y ya habíamos ordenado un par de jugos de frutas y un sándwich para comer a mitades en aquel café cercano a casa. Mientras me quitaba la chalina, meditaba sin querer en lo obscura que había amanecido aquella mañana para mí; incluso una hora antes de la cita, yo había estado a punto de llamarla y con un subterfugio cualquiera, pedirle aplazar nuestro encuentro aun hasta las tres o cuatro de la tarde…necesitaba un tanto pensar en mí; no obstante, mi deseo de escucharla y escribir cuanto me hablara fue más potente y terminó por despertarme del todo, y a las seis y quince, ya estaba recibiendo las primeras gotas tibias de un buen baño, de esos que sirven para renovar energías y decidirse por empezar así de temprano el resto de los días. No tomé alimento alguno pues nuestro encuentro se trataba justamente de un desayuno-reunión (éste último denominativo también me había traído a la memoria mis antiguos años de oficinista, tiempos cuando aun no comprendía del todo, cuán curiosos resultan ser los caminos de la vida).
Recuerdo con claridad, estar con la libreta en la mano (de esas que parecen ser las mismas en periodistas y escritores) y un bolígrafo listos para tomar registro de los detalles de aquella historia, como Maria Valina había preferido denominar a su relato, de seguro uno similar a los muchos que en cinco años de amistad, tan honestamente había confiado conmigo, aunque en ninguna de esas ocasiones me hubiese requerido escribirlos. Por consiguiente, y dada la petición mencionada, la conversación de aquella mañana, habría de requerir un interés adicional de mi parte.
Es cierto que el lunes 14 de…, yo tenía la mente un tanto distraída en un principio, acaso lo recientemente sucedido conmigo, teníame aun noctámbula, mirando por la ventana de aquel café, pero como recordase que me hallaba entonces presta para hacer mi trabajo y quien sabe, decidida a fuerza a dejar por algunos minutos la mía historia, me apresté a escuchar y escribir.
Esta conversación nuevamente trata del tema antes siempre conversado, - comenzó mientras yo daba el primer sorbo al jugo que acababa de dejar un muchacho exageradamente atento-. Hombres – continuó, pero inmediatamente hizo una pausa, nos miramos a los ojos e inevitablemente soltamos una risa bastante cómplice. Me lo suponía – le dije – aunque para variar, esta reunión debiera no tratarse del mismo sujeto, en cuyo caso… Siento decepcionarte – me interrumpió y volvió a sonreír -, la verdad es que aunque quisiera, no tengo otra opción más que marcharme con él como mi última y más reciente ficción de amor. Nuevamente hizo una pausa y se detuvo a partir con el tenedor la mitad de la mitad del sándwich y mientras la observaba, continuó: Hemos terminado. Dijo esto y metió finalmente el alimento a su boca, lo masticó y volvió a cortar otro trozo. Por un instante tuve la impresión que lo que en realidad deseaba era llorar, pero la conocía y aunque las lágrimas finalmente la derrotaran, su propio instinto fortalecido por los años y las personas, pronto le recordarían que de eso también se trataba la vida. Arregló su cabello; levantó la vista, me miró y se sonrojó, como tantas otras veces en situaciones totalmente distintas. Yo permanecía en silencio, como queriendo darle el tiempo que requiriese mientras bebía mi jugo casi hasta terminarlo, finalmente continuó: Si hay algo que ahora el arrepentimiento me pasa factura es justamente el inicio de mi relación con él, sabes? Creo más bien que el error radica en haberla iniciado y no en darle hoy un final común. Cerró los ojos, como intentando retrotraer la memoria a antiguos episodios vividos, pero a la sazón dije: Entonces…? y me detuve. Entonces nada – volvió a hablar -, eso es todo cuanto quería que registraras, y ah! no olvides escribir que es cierto que aun lo quiero.
Sorprendida, levanté una ceja como dando a entender claramente mi asombro ante tan escueto resumen de la historia que Maria Valina con tanto afán había querido compartir conmigo para que mas tarde la llevase al papel. Si eso es todo – mencioné -, y aunque en principio hasta supuse que irías a llorar, ahora creo comprender que más allá de la ruptura, tu estado emocional actual se encuentra en equilibrio. Así es – convino -, y lo cierto es que esta decisión no fue difícil, solo dolorosa. (*G.A.)
Esas últimas palabras, antes de pedir la cuenta, me recordaron un relato similar, acaso el de alguien que conocía muy bien, pero que me había pedido no escribirlo, por no ser el tiempo, ni el lugar adecuados, por negarse a olvidar y por no sentir el corazón roto. Recordé aquello mientras tomaba de vuelta mi chalina y la anudaba en el cuello, mirando por última vez a través de la ventana del café cercano a casa, y agradecía al muchacho exageradamente atento que ahora limpiaba nuestra ex mesa.

MARTES 15
He estado pensando en mis cartas. Mi tan propia característica de escribiente de cartas completas a todo el mundo. No obstante, a tiempo de pensar en ellas, he caído en cuenta que hace algún tiempo no redacto una. Atino a  pensar que la última enviada data después de año nuevo, mas no recuerdo claramente el motivo ni el contenido… tal vez no me la tomaron en cuenta.
Hoy, algunos meses después, me detengo a meditar en lo necesario que se me hace escribirle unas líneas a alguien, pero cuando intento convertir la idea en palabra escrita, intuyo que es posible estar a punto de cometer una equivocación; primero porque muchas de las cartas escritas y enviadas, no recibieron contestación bajo similares características, excepto una que me fue respondida por el propio otrora destinatario, seis meses después, es decir, al año siguiente (hoy al recordar el hecho y no el texto, me hace excesiva gracia). Y segundo, porque más allá de no recibir respuesta – quizá porque a muchas personas no les pasa esto de escribir correspondencia -, está el hecho de saber a conformidad, que vale la pena dedicarle tiempo y ciertas palabras o frases a determinada persona, y que ésta luego de recibido y leído el papel o el correo electrónico, no echara luego a reír pensando en lo idiota (*F.D.) de la ocurrencia de escribir cartas en estos tiempos, opción ésta última que me tiene sin cuidado.
A pesar de ello, como decía, al reflexionar en cuanto al asunto, recordé el elocuente comentario del pintor Juan Pablo Castel (citado por Ernesto Sábato en su novela El Túnel) al cual a modo de sucinta conclusión sobre el tema, me sumo cuando afirmó: “Una vez más, pues, había cometido una tontería, con  mi costumbre de escribir cartas muy espontáneas y enviarlas enseguida. Las cartas de importancia, hay que retenerlas por lo menos un día hasta que se vean claramente las posibles consecuencias”.

MIÉRCOLES 16
Tengo problemas con una letra del alfabeto.
No es posible que nombres de amigos, amigas, otras personas, lugares, situaciones (con significado especial para mi), y hasta mi día favorito empiecen todos con esta letra, está volviéndome loca, y me niego a emplearla… ¡la declaro apócrifa!

JUEVES 17
Poema para el miércoles escrito un jueves
(Ismael Serrano)

Perdona el retraso.
Podría decir que fue el cansancio,
el tráfico implacable de esta ciudad herida,
la prisa sin alma,
trenes descarrilándose,
tuberías que estallan empapando la cocina.
Podría decir,
que me raptaron los espectros,
que tuve una reunión repleta de cifras y calendarios,
que la fiebre me atrapó rehén de las almohadas,
que todo fueron maldiciones y suspiros.
Perdona mi ausencia,
pero lo cierto,
siendo miércoles y casi primavera,
es que me quedé siguiendo el vuelo de una libélula entre los juncos,
brindando con viejos amigos
con los que recordé qué era vivir,
que durante un instante amaneció en el sofá del salón,
-ya eran las siete de la tarde-
y la espuma de otras playas llegó hasta la alfombra
y, como te dolía la cabeza,
te busqué un ibuprofeno,
y las alas de un colibrí para tu espalda,
mis manos abrazando tu raíz
y tú descalza llorando jazmines y escarcha.
Perdona que faltara a la cita,
pero tuve que abrir
todos los tarros de cristal
para liberar a las luciérnagas,
tuve también que abrirte la puerta,
porque bajabas por la escalera
cargada de maletas y soledades
Discúlpame,
pero lo cierto,
es que estuve cantando,
grabando una nueva melodía
en el leve surco de nuestras vidas,
que giraban lentas
como el disco en el que suenan
los árboles combados por el viento,
la vieja cafetera y los arroyos.
Perdóname,
podría decir:
“este invierno viste mi sombra
y apenas tengo tiempo para despedirme”.
Pero lo cierto
es que este día
largo e intenso,
trabajé,
reí con amigos,
amé
con toda la fuerza
de mi naturaleza apasionada,
y aunque te eché de menos
y el frío de Madrid me trajo tu nombre
supe que mañana estarías a mi lado
y que entonces,
repleto de luz y de razones,
sabrías perdonarme.

VIERNES 18
DICCIONARIO PLURI-RACIONAL (*)
Autonomía: Dícese de la expresión política de tiempos del empate catastrófico (2006 – 2008) en los que unos no la querían y la despreciaban (Evo Morales y el MAS) y otros (Rubén Costas y compañía) la usaban para ímpetus distintos al propósito democrático.
Alvarista: Relativo a la facción política e intelectual del Movimiento al Socialismo (MAS) vinculada al pensamiento propugnado por el vicepresidente Álvaro García Linera. Es una de las dos fuerzas que sustentan al Gobierno. Su antónimo: Choquehuanquista.
Choquehuanquista: Relativo a la facción social del MAS liderada por el canciller David Choquehuanca. Su visión, alimentada por la intelectualidad andina, pretende el posicionamiento del movimiento indígena en el Gobierno y sus políticas de gestión. Antónimo de alvarista.
Convergencia: Nombre ideado por cierto resabios de la política del pasado reciente para dar vida a una organización política en la que no necesariamente convergen sus ideas autonomistas, manfredistas, conservadoras, falangistas o movimientistas.
Dedazo: Se refiere a la tradicional forma de nombramiento de funcionarios por la sola decisión de las autoridades. La práctica fue muy común en administraciones gubernamentales anteriores al MAS, que también ha hecho suya en los últimos años.
Evada: Dícese de un sinónimo de bolivianismo muy común para referirse a la expresión torpe e inoportuna de palabras, hechos o dichos. Se deriva del nombre del Presidente del Estado, caracterizado por los dislates verbales en sus extensos discursos.
Evismo: Término con el que Álvaro García Linera califica a la corriente política y social alineada a Evo Morales Ayma. En su criterio, es la opción necesaria y urgente en el “proceso” boliviano de construcción del Estado, muy afín al chavismo venezolano.

(*)DICCIONARIO PLURI-RACIONAL, Suplemento ANIMAL POLÍTICO, Periódico La Razón Abril, 2011


SÁBADO 19
Poema para Coyote Moreno

TARDE
Tarde las líneas de este yeso-poema acercan las narices,
Como tarde me doy cuenta que lo del bastón suele resultar a veces en artilugio,
Tarde el tiempo en que en estas horas largas, se extraña los tiempos de la More,
Pero qué ha de hacérsele, pues como tiempo fugaz también éste lento de hoy pasará.

Tarde fueron llegando los mensajes, uno a uno, eran solo uno,
Tarde la cita en las Flaviadas porque de a poco habíamos sumado veinte años,
Tarde las salteñas, tucumanas, y demás aperitivos de las 11:59 de cada día,
Pero qué ha de hacérsele, pues como sueño cándido, hoy la realidad cuenta sus torpezas.

Tarde los consejos mal fundamentados, esperan ser usados como en el viejo tiempo,
Tarde los insultos, acercan las rizas de ocurrencias de monos alados, castillos, y sargentos antes bien conocidos,
Tarde es ahora me pregunto yo, queriendo pensar que tarde será mañana y no ahora,
Pero que ha de hacérsele, pues al final me digo: mas vale tarde que nunca.