31 may. 2013

RUIDO DE TACONES EN EL DESPACHO OVAL

 

Kathryn Ruemmler, consejera legal de Obama, irrumpe en el circuito más influyente del presidente y se convierte, a su pesar, en un icono de estilo.

 Kathryn Ruemmler, durante una reunión con Obama en el Despacho Oval. / Pete Souza (The White House)

Ella es uno de ellos, una de las pocas mujeres que ha logrado entrar en lo que parece ser un club de hombres, también conocido como la Casa Blanca de Barack Obama, donde las mujeres se han quejado por sentirse marginadas. Tan solo tres conforman un Gabinete formado por poco más de una docena de personas. Y sin embargo, cuando se trata de asesorar al que es probablemente el hombre más poderoso del mundo, siempre es una voz femenina la que le susurra al oído.



Si Valerie Jarret es la sombra consejera perenne que nunca se separa del presidente y Katie Johnson la secretaria personal que recuerda a Obama en qué día vive y con qué líder extranjero está almorzando, Kathryn Ruemmler asesora al mandatario legalmente en asuntos como la guerra contra el terrorismo, nombramientos o la reforma migratoria.
Ruemmler no lleva el marchamo de uno de los nuestros, no pertenece al selecto grupo que acompaña a Obama desde sus días de Chicago y no ha trabajado en ninguna de sus dos campañas. Pero desde junio de 2011 está al frente de la oficina que centraliza y responde a las investigaciones que sufre la Casa Blanca y quien maneja las citaciones que solicitan los republicanos. La misión de esta abogada de 42 años licenciada en Georgetown es mantener al presidente y otros importantes nombres de la Administración alejados de tribunales y escándalos.



La oficina que dirige Ruemmler ha sido noticia en las semanas pasadas por el manejo dado a temas como la discriminación hecha por hacienda a grupos conservadores; el ataque de Bengasi (Libia) el pasado 11-S y el espionaje del Departamento de Justicia a la agencia de noticias AP. Ruemmler también ha hecho ruido por motivos que nada tienen que ver con su abultado currículum y que ya hacen que se la conozca más por ellos: a la jefa de los abogados de la Casa Blanca la enloquecen los zapatos, cuanto más alto el tacón mejor y de renombrado estilista.
Su pasión por los zapatos es legendaria y el primer documento gráfico que existe de ello es en su alegato final como fiscal del Departamento de Justicia en 2006 contra los directivos de Enron subida en unos stiletto, más conocidos como zapatos de tacón de aguja, de más de 10 centímetros (altos, muy altos). La abogada de los abogados, una de las personas con la cabeza más fría de la Casa Blanca, recorre las salas del Ala Oeste sobre sobrios y carísimos Manolo Blahnik o unos sofisticados (y todavía más caros) Christian Louboutin (no los de la suela roja que ya han hecho escuela, que también, sino la última creación del diseñador francés).



Y, como suele suceder cuando una mujer accede al sistema del poder, entra de lleno en lo que la redactora de The Atlantic Online, Garance Franke-Ruta, denomina el sistema de belleza. O lo que es lo mismo: ser juzgada por su apariencia mucho más de lo que lo es un hombre. Eso le ha pasado esta semana a Kathryn Ruemmler a quien The Washington Post dedicó un reportaje sobre sus zapatos.

(Fuente. El Pais)

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